miércoles, 31 de octubre de 2012

Comentario al relato de Ana María Matute "Bernardino" realizado por Zulma Fedrizzi


ZULMA FEDRIZZI, desde Argentina, dice: Muy bien escrito. Me hizo doler el estómago. El dolor no es algo para perpetuarse. Esto, para mí, trabajando en una escuela suburbana, es de todos los días. Tal vez sea snob para el que tiene la fortuna de vivir lejos de esto, tal vez sea como ir de visita a un zoológico. Me dejó mal sabor. No lo leería dos veces. Tal vez es el impacto que quería causar la autora o quizás sacarse este dolor, y compartirlo, desmenuzarlo. Cada uno sabe.
Prefiero enfocarme en lo bueno del mundo, propagando lo negativo hemos llegado a esto, un mundo sin amor. Malos los hubo y habrá siempre por miles, pero ¿Cuántos son capaces de dejar con un relato una sonrisa? Pocos.

martes, 30 de octubre de 2012

Revista nº 14 - Septiembre-Octubre 2012



 
ÍNDICE - REVISTA Nº 14

* ARTÍCULO [3-4]
JOSÉ GOROSITO TANCO Y EL DIBUJO DE AMADO NERVO - Por Lic. WASHINGTON DANIEL GOROSITO PÉREZ
* ASESORAMIENTO LITERARIO [46]
* BIOGRAFÍAS NUEVOS AUTORES [71-74]
* BUZÓN DE LAS SUGERENCIAS [74-76]
* COCINA CON MÓNICA RIPOLL [77-80]
* ENSAYO [5-12]
EDITORIAL: "AFIRMACIÓN DEL AZAR" - Por Eduardo SANGUINETTI, Filósofo y Poeta rioplatense
KEPA URIBERRI - LA CIUDAD ORGÁNICA
* ENTREVISTA [12-17]
ENTREVISTA A NARU ISHIDA - Por Juana Castillo Escobar
* FRASES [6-18-22-24-36-38-44-66]
* IMÁGENES [80]
* NOTICIAS [81-82]
* OBITUARIO [47]
* ONOMÁSTICAS [17]
* POEMAS [18-44]
MARY ACOSTA - LÁGRIMAS NEGRAS
MARÍA CRISTINA AZCONA – CANDELA
ROGELIO DOMÍNGUEZ LÓPEZMONOTONÍA
SUSANA ARROYO FURPHY - DIVERSIDAD
Mª TERESA BRAVO BAÑÓN - Pesco,
ALEJANDRO GÓMEZ - PRÍNCIPE
GRACIELA MARÍA CASARTELLI - DECIRTE ADIÓS…
JERÓNIMO CASTILLO – CONTEXTO – ESQUEMATIZADO
VÍCTOR MANUEL GUZMÁN VILLENA - EL DESEO Y LA PALABRA
RODOLFO DE JESÚS CHÁVEZ MERCADO (Fray - O. Carm)CONSIDERACIÓN - ACUARELAS
HÉCTOR JOSÉ CORREDOR CUERVO - LA CRISIS
LAURA BEATRIZ CHIESA - TARDE DE TOROS (díptico)
LILIANA ESCANES - RÍOS DE LUZ...”, NÚMERO LXXI
Mª DEL CARMEN G. SEGALÉS - PRELUDIO DE UN ADIÓS
JAVIER GAYTÁN GAYTÁN - Te estás quedando calva…
CARLOS GARRIDO CHALÉN - EN PRESENCIA DEL DOLOR Y A LA DERIVA
BORIS GOLD - “VOY DESPACIO… ESTOY APURADO”
MARCO GONZÁLEZ ALMEIDA - LA INOCENTE NUBE - LAS NOCHES A SU LADO
FRANCISCA GRACIÁN GALBEÑO – HAIKUS
EL HOMBRE DE TINTA - LIRA DEL DESENCANTO - QUINTILLA DE UN SERVIDOR
ERNESTO KAHAN - CANTO DE LAS PIEDRAS EN SEPTIEMBRE
MANUEL SALVADOR LEYVA MARTÍNEZ - POEMA INTEMPORAL
ROLANDO REVAGLIATTI
RODOLFO V. LEIRO - A MANO, MUCHACHA - EL DÍA QUE ME QUIERAS
AMIR AL IMRAN – Te escribiré…
MÓNICA LÓPEZ BORDÓN - SEA LA LUZ
GLADYS LÓPEZ PIANESI - OJOS
JUAN MANUEL PÉREZ ÁLVAREZ – IX
MARTA L. PIMENTEL ÁLVAREZ - No me atrevo entre los párpados.
LYDIA RAQUEL PISTAGNESI - EL CASAMIENTO (Cuento-poesía)
SUSANA ROBERTS - Si aconteciera
ANA ROMANO – CAUTIVO - GAMA
CARLOS MARTÍN VALENZUELA QUINTANAR - VOLANDO HACIA TI Y VIAJANDO HACIA MI
ADY YAGUR – LEJANIA – EVOCACIÓN
* POEMAS..., CON OTRO ACENTO [45-46]
DONIZETI SAMPAIO - AMANTE
ADOLFO P. SHVEDCHIKOV - LOVE IS ENDLESS JOURNEY
* PUBLICACIONES [82]
* PROSA POÉTICA [47]
MAXIMILIANO SPREAFREBAÑOS
* MICRO RELATOS, CUENTOS Y RELATOS [48-69]
ALEX ALONSO - PONCIO PILATOS EX PREFECTO DE JUDEA
JAVIER ÚBEDA IBÁÑEZ - LA INSPIRACIÓN
ISABEL FRAILE HERNANDO - FANTASÍA EN EL PARQUE
MARÍA JOSÉ NÚÑEZ PÉREZ - LOS DIENTES
JORGE CASTAÑEDA - CRONICA DE UN POETA EN VALCHETA
SALOMÉ MOLTÓ MOLTÓ - LA CARTA QUE NO LLEGÓ (Cuento)
JUANA C. CASCARDO - SERENATA PARA UN SUEÑO
IRENE MERCEDES AGUIRRE - LAS PUERTAS DE LA TIERRA
GONZALO TOMÁS SALESKY - MEMORIA
ELSA YOLANDA SOLÍS MOLINA (NALÓ) - TORO TUERTO: capítulos 4 – 5 y 6 (final)
CARLOS ARTURO TRINELLI - LAS AMIGAS
* RADIO [83]
* RESEÑAS LITERARIAS [69-71]
MADREAGUA, de Antonio AGUDELO - Por VERÓNICA ARANDA
UNA DIVERTIDA LECCIÓN DE HISTORIA, de Miguel F. VILLEGAS -  por ANNA ROSSELL

lunes, 29 de octubre de 2012

El Rincón del Cuento Infantil en Onda Latina a cargo de Susana SIMÓN CORTIJO

Susana Simón Cortijo

PRESENTACIÓN SECCIÓN INFANTIL EN LA RADIO
Muy buenas tardes a todos, agradezco mucho el poder participar en un programa como este que rebosa cultura por todas partes y que el nombre Pluma y Tintero desde Madrid para el mundo entero, asusta un poco, pero eso es lo que se pretende que todo el mundo lo oiga, disfrute y, si además se aprende, algo mejor que mejor.

            Tengo que decir que este grano de arena que yo voy a aportar con esta sección, no por ser pequeño es menos importante, tenemos que dejar que los niños se acerquen a la literatura (y a la radio en este caso), como muchos lo hemos hecho, sobre todo los que tenemos esa maravillosa edad de los taitantos, que nos quedábamos atentísimos oyendo los cuentos radiofónicos, así que vamos a hacernos todos un poco niños y a escuchar.

            En primer lugar voy a leer un cuento que se llama LA CAJA DE FÓSFOROS, que no hay que confundir con La niña de los fósforos, que es otro distinto, este es de la colección Fulgor de  Ediciones Toray, está adaptado por Eugenio Sotillos. Después leeré el relato de Hans Christian Andersen que da nombre a esta revista, al programa de radio y al taller literario: "PLUMA Y TINTERO" y, para finalizar el Rincón del Cuento Infantil, lo haré recitando un poema de Virginio Rodolfo Leiro, .
Pluma y tintero
Hans Christian Andersen
En el despacho de un escritor, alguien dijo un día, al considerar su tintero sobre la mesa:
-Es sorprendente lo que puede salir de un tintero. ¿Qué va a darnos la próxima vez? Es bien extraño.
-Lo es, ciertamente -respondió el tintero-. Incomprensible. Es lo que yo digo -añadió, dirigiéndose a la pluma y demás objetos situados sobre la mesa y capaces de oírlo-. ¡Es sorprendente lo que puede salir de mí! Es sencillamente increíble. Yo mismo no podría decir lo que saldrá la próxima vez, en cuanto el hombre empiece a sacar tinta de mí. Una gota de mi contenido basta para llenar media hoja de papel, y, ¡cuántas cosas no se pueden decir en ella! Soy verdaderamente notable. De mí salen todas las obras del poeta, estas personas vivientes que las gentes creen conocer, estos sentimientos íntimos, este buen humor, estas amenísimas descripciones de la Naturaleza. Yo no lo comprendo, pues no conozco la Naturaleza, pero lo llevo en mi interior. De mí salieron todas esas huestes de vaporosas y encantadoras doncellas, de audaces caballeros en sus fogosos corceles, de ciegos y paralíticos, ¡qué sé yo! Les aseguro que no tengo ni idea de cómo ocurre todo esto.
-Lleva usted razón -dijo la pluma-. Usted no piensa en absoluto, pues si lo hiciera, se daría cuenta de que no hace más que suministrar el líquido. Usted da el fluido con el que yo puedo expresar y hacer visible en el papel lo que llevo en mi interior, lo que escribo. ¡Es la pluma la que escribe! Nadie lo duda, y la mayoría de hombres entienden tanto de Poesía como un viejo tintero.
-¡Qué poca experiencia tiene usted! -replicó el tintero-. Apenas lleva una semana de servicio y está ya medio gastada. ¿Se imagina acaso que es un poeta? Pues no es sino un criado, y, antes de llegar usted, he tenido aquí a muchos de su especie, tanto de la familia de los gansos como de una fábrica inglesa. Conozco la pluma de ganso y la de acero. He tenido muchas a mi servicio y tendré aún muchas más, si el hombre de quien me sirvo para hacer el movimiento sigue viniendo a anotar lo que saque de mi interior. Me gustaría saber qué voy a dar la próxima vez.
-¡Botijo de tinta! -rezongó la pluma.
Ya anochecido, llegó el escritor. Venía de un concierto, donde había oído a un excelente violinista y había quedado impresionado por su arte inigualable. El artista había arrancado un verdadero diluvio de notas de su instrumento: ora sonaban como argentinas gotas de agua, perla tras perla, ora como un coro de trinos de pájaros o como el bramido de la tempestad en un bosque de abetos. Había creído oír el llanto de su propio corazón, pero con una melodía sólo comparable a una magnífica voz de mujer. Se diría que no eran sólo las cuerdas del violín las que vibraban, sino también el puente, las clavijas y la caja de resonancia. Fue extraordinario. Y difícil; pero el artista lo había hecho todo como jugando, como si el arco corriera solo sobre las cuerdas, con tal sencillez, que cualquiera se hubiera creído capaz de imitarlo. El violín tocaba solo, y el arco, también; lo dos se lo hacían todo; el espectador se olvidaba del maestro que los guiaba, que les infundía vida y alma. Pero el escritor no lo había olvidado; escribió su nombre y anotó los pensamientos que le inspirara:
«¡Qué locos serían el arco y el violín si se jactasen de sus hazañas! Y, sin embargo, cuántas veces lo hacemos los hombres: el poeta, el artista, el inventor, el general. Nos jactamos, sin pensar que no somos sino instrumentos en manos de Dios. Suyo, y sólo suyo es el honor. ¿De qué podemos vanagloriarnos nosotros?».
Todo esto lo escribió el poeta en forma de parábola, a la que puso por título: «El maestro y los instrumentos».
-Le han dado su merecido, caballero -dijo la pluma al tintero, una vez volvieron a estar solos-. Supongo que oiría leer lo que ha escrito, ¿verdad?
-Claro que sí, lo que le di a escribir a usted -replicó el tintero-. ¡Le estuvo bien empleado por su arrogancia! ¡Cómo es posible que no comprenda que la toman por necia! Mi invectiva me ha salido desde lo más hondo de mi entraña. ¡Si sabré yo lo que me llevo entre manos!
-¡Vaya con el tinterote! - rezongó la pluma.
-¡Barretintas! -replicó el tintero.
Y los dos se quedaron convencidos de que habían contestado bien; es una convicción que deja a uno con la conciencia sosegada. Así se puede dormir en paz, y los dos durmieron muy tranquilos. Sólo el poeta no durmió; le fluían los pensamientos como las notas del violín, rodando como perlas, bramando como la tempestad a través del bosque. Sentía palpitar en ellos su propio corazón, un vivísimo rayo de luz del eterno Maestro.
Sea para Él todo el honor.
FIN
*******
UNA SITUACIÓN COMPLEJA
 
 Rodolfo V. Leiro
 
¡La situación es compleja!
Le comentaba una almeja
que había llegado a vieja
a una inquieta comadreja
que acompañaba una oveja.
 Cantaba una dulce abeja
en lomos de una coneja
que iba saltando una reja.
Tropezó con una teja
¡y al suelo cayó la abeja!
Un ¡behee! largo de la oveja,
se asustó la comadreja,
se hundió en la arena la almeja
y disparó la coneja!
¡Que situación mas compleja!
 
¡Nada pasó! Pues la abeja,
apenas frunció la ceja
y despreciando la teja,
sin buscar a la coneja,
sin mirar la comadreja,
sin reparar en la almeja
ni en el susto de la oveja,
a todo el conjunto deja
y rauda y veloz se aleja
hacia su colmena vieja.
******* 

sábado, 27 de octubre de 2012

Salón de lectura en "Onda Latina": comentario del relato "Bernardino" de Ana María Matute

Nota.- Este relato será leído y comentado en "Onda Latina" el próximo lunes, día 29 de los corrientes, en el espacio "Salón de lectura".
Todos aquellos amigos que pasen por este blog, y deseen dejar sus comentarios para que sean compartidos en la emisora de radio, no tienen más que añadirlo a la casilla de los comentarios (por favor, eso sí, poned un nombre).
Estaremos el lunes, de 7 a 8 de la tarde (6 a 7 en horario de las islas Canarias) en el 87.6 de la F.M. y/o en Internet en www.ondalatina.com.es
¡¡Aguardamos vuestra participación!! 
                                                                                      
Bernardino

Ana María Matute
Siempre oímos decir en casa, al abuelo y a todas las personas mayores, que Bernardino era un niño mimado.
Bernardino vivía con sus hermanas mayores, Engracia, Felicidad y Herminia, en “Los Lúpulos”, una casa grande, rodeada de tierras de labranza y de un hermoso jardín, con árboles viejos agrupados formando un diminuto bosque, en la parte lindante con el río. La finca se hallaba en las afueras del pueblo y, como nuestra casa, cerca de los grandes bosques comunales.
Alguna vez, el abuelo nos llevaba a “Los Lúpulos”, en la pequeña tartana, y, aunque el camino era bonito por la carretera antigua, entre castaños y álamos, bordeando el río, las tardes en aquella casa no nos atraían. Las hermanas de Bernardino eran unas mujeres altas, fuertes y muy morenas. Vestían a la moda antigua -habíamos visto mujeres vestidas como ellas en el álbum de fotografías del abuelo- y se peinaban con moños levantados, como roscas de azúcar, en lo alto de la cabeza. Nos parecía extraño que un niño de nuestra edad tuviera hermanas que parecían tías, por lo menos. El abuelo nos dijo:
-Es que la madre de Bernardino no es la misma madre de sus hermanas. Él nació del segundo matrimonio de su padre, muchos años después.
Esto nos armó aún más confusión. Bernardino, para nosotros, seguía siendo un ser extraño, distinto. Las tardes que nos llevaban a “Los Lúpulos” nos vestían incómodamente, casi como en la ciudad, y debíamos jugar a juegos necios y pesados, que no nos divertían en absoluto. Se nos prohibía bajar al río, descalzarnos y subir a los árboles. Todo esto parecía tener una sola explicación para nosotros:
-Bernardino es un niño mimado -nos decíamos. Y no comentábamos nada más.
Bernardino era muy delgado, con la cabeza redonda y rubia. Iba peinado con un flequillo ralo, sobre sus ojos de color pardo, fijos y huecos, como si fueran de cristal. A pesar de vivir en el campo, estaba pálido, y también vestía de un modo un tanto insólito. Era muy callado, y casi siempre tenía un aire entre asombrado y receloso, que resultaba molesto. Acabábamos jugando por nuestra cuenta y prescindiendo de él, a pesar de comprender que eso era bastante incorrecto. Si alguna vez nos lo reprochó el abuelo, mi hermano mayor decía:
 
-Ese chico mimado... No se puede contar con él.
 
Verdaderamente no creo que entonces supiéramos bien lo que quería decir estar mimado. En todo caso, no nos atraía, pensando en la vida que llevaba Bernardino. Jamás salía de “Los Lúpulos” como no fuera acompañado de sus hermanas. Acudía a la misa o paseaba con ellas por el campo, siempre muy seriecito y apacible.
Los chicos del pueblo y los de las minas lo tenían atravesado. Un día, Mariano Alborada, el hijo de un capataz, que pescaba con nosotros en el río a las horas de la siesta, nos dijo:
-A ese Bernardino le vamos a armar una.
-¿Qué cosa? -dijo mi hermano, que era el que mejor entendía el lenguaje de los chicos del pueblo.
-Ya veremos -dijo Mariano, sonriendo despacito-. Algo bueno se nos presentará un día, digo yo. Se la vamos a armar. Están ya en eso Lucas, Amador, Gracianín y el Buque... ¿Queréis vosotros?
Mi hermano se puso colorado hasta las orejas.
-No sé -dijo-. ¿Qué va a ser?
-Lo que se presente -contestó Mariano, mientras sacudía el agua de sus alpargatas, golpeándolas contra la roca-. Se presentará, ya veréis.
Sí: se presentó. Claro que a nosotros nos cogió desprevenidos, y la verdad es que fuimos bastante cobardes cuando llegó la ocasión. Nosotros no odiábamos a Bernardino, pero no queríamos perder la amistad con los de la aldea, entre otras cosas porque hubieran hecho llegar a oídos del abuelo andanzas que no deseábamos que conociera. Por otra parte, las escapadas con los de la aldea eran una de las cosas más atractivas de la vida en las montañas.
Bernardino tenía un perro que se llamaba “Chu”. El perro debía de querer mucho a Bernardino, porque siempre le seguía saltando y moviendo su rabito blanco. El nombre de “Chu” venía probablemente de Chucho, pues el abuelo decía que era un perro sin raza y que maldita la gracia que tenía. Sin embargo, nosotros le encontrábamos mil, por lo inteligente y simpático que era. Seguía nuestros juegos con mucho tacto y se hacía querer en seguida.
-Ese Bernardino es un pez -decía mi hermano-. No le da a “Chu” ni una palmada en la cabeza. ¡No sé cómo “Chu” le quiere tanto! Ojalá que “Chu” fuera mío...
A “Chu” le adorábamos todos, y confieso que alguna vez, con mala intención, al salir de “Los Lúpulos” intentábamos atraerlo con pedazos de pastel o terrones de azúcar, por ver si se venía con nosotros. Pero no: en el último momento “Chu” nos dejaba con un palmo de narices y se volvía saltando hacia su inexpresivo amigo, que le esperaba quieto, mirándonos con sus redondos ojos de vidrio amarillo.
-Ese pavo... -decía mi hermano pequeño-. Vaya un pavo ese...
Y, la verdad, a qué negarlo, nos roía la envidia.
Una tarde en que mi abuelo nos llevó a “Los Lúpulos” encontramos a Bernardino raramente inquieto.
-No encuentro a “Chu” -nos dijo-. Se ha perdido, o alguien me lo ha quitado. En toda la mañana y en toda la tarde que no lo encuentro...
-¿Lo saben tus hermanas? -le preguntamos.
-No -dijo Bernardino-. No quiero que se enteren...
Al decir esto último se puso algo colorado. Mi hermano pareció sentirlo mucho más que él.
-Vamos a buscarlo -le dijo-. Vente con nosotros, y ya verás como lo encontraremos.
-¿A dónde? -dijo Bernardino-. Ya he recorrido toda la finca...
-Pues afuera -contestó mi hermano-. Vente por el otro lado del muro y bajaremos al río... Luego, podemos ir hacia el bosque. En fin, buscarlo. ¡En alguna parte estará!
Bernardino dudó un momento. Le estaba terminantemente prohibido atravesar el muro que cercaba “Los Lúpulos”, y nunca lo hacía. Sin embargo, movió afirmativamente la cabeza.
Nos escapamos por el lado de la chopera, donde el muro era más bajo. A Bernardino le costó saltarlo, y tuvimos que ayudarle, lo que me pareció que le humillaba un poco, porque era muy orgulloso.
Recorrimos el borde del terraplén y luego bajamos al río. Todo el rato íbamos llamando a “Chu”, y Bernardino nos seguía, silbando de cuando en cuando. Pero no lo encontramos.
Íbamos ya a regresar, desolados y silenciosos, cuando nos llamó una voz, desde el caminillo del bosque:
-¡Eh, tropa!...
Levantamos la cabeza y vimos a Mariano Alborada. Detrás de él estaban Buque y Gracianín. Todos llevaban juncos en la mano y sonreían de aquel modo suyo, tan especial. Ellos sólo sonreían cuando pensaban algo malo.
Mi hermano dijo:
-¿Habéis visto a “Chu”?
Mariano asintió con la cabeza:
-Sí, lo hemos visto. ¿Queréis venir?
Bernardino avanzó, esta vez delante de nosotros. Era extraño: de pronto parecía haber perdido su timidez.
-¿Dónde está “Chu”? -dijo. Su voz sonó clara y firme.
Mariano y los otros echaron a correr, con un trotecillo menudo, por el camino. Nosotros les seguimos, también corriendo. Primero que ninguno iba Bernardino.
Efectivamente: ellos tenían a “Chu”. Ya a la entrada del bosque vimos el humo de una fogata, y el corazón nos empezó a latir muy fuerte. Habían atado a “Chu” por las patas traseras y le habían arrollado una cuerda al cuello, con un nudo corredizo. Un escalofrío nos recorrió: ya sabíamos lo que hacían los de la aldea con los perros sarnosos y vagabundos. Bernardino se paró en seco, y “Chu” empezó a aullar, tristemente. Pero sus aullidos no llegaban a “Los Lúpulos”. Habían elegido un buen lugar.
-Ahí tienes a “Chu”, Bernardino -dijo Mariano-. Le vamos a dar de veras.
Bernardino seguía quieto, como de piedra. Mi hermano, entonces, avanzó hacia Mariano.
-¡Suelta al perro! -le dijo-. ¡Lo sueltas o...!
-Tú, quieto -dijo Mariano, con el junco levantado como un látigo-. A vosotros no os da vela nadie en esto... ¡Como digáis una palabra voy a contarle a vuestro abuelo lo del huerto de Manuel el Negro!
Mi hermano retrocedió, encarnado. También yo noté un gran sofoco, pero me mordí los labios. Mi hermano pequeño empezó a roerse las uñas.
-Si nos das algo que nos guste -dijo Mariano- te devolvemos a “Chu”.
-¿Qué queréis? -dijo Bernardino. Estaba plantado delante, con la cabeza levantada, como sin miedo. Le miramos extrañados. No había temor en su voz.
Mariano y Buque se miraron con malicia.
-Dineros -dijo Buque.
Bernardino contestó:
- No tengo dinero.
Mariano cuchicheó con sus amigos, y se volvió a él:
-Bueno, pos cosa que lo valga...
Bernardino estuvo un momento pensativo. Luego se desabrochó la blusa y se desprendió la medalla de oro. Se la dio.
De momento, Mariano y los otros se quedaron como sorprendidos. Le quitaron la medalla y la examinaron.
-¡Esto no! -dijo Mariano-. Luego nos la encuentran y... ¡Eres tú un mal bicho! ¿Sabes? ¡Un mal bicho!
De pronto, les vimos furiosos. Sí; se pusieron furiosos y seguían cuchicheando. Yo veía la vena que se le hinchaba en la frente a Mariano Alborada, como cuando su padre le apaleaba por algo.
-No queremos tus dineros -dijo Mariano-. Guárdate tu dinero y todo lo tuyo... ¡Ni eres hombre ni... ná!
Bernardino seguía quieto. Mariano le tiró la medalla a la cara. Le miraba con ojos fijos y brillantes, llenos de cólera. Al fin, dijo:
-Si te dejas dar de veras tú, en vez del chucho...
Todos miramos a Bernardino, asustados.
-No... -dijo mi hermano.
Pero Mariano gritó:
-¡Vosotros a callar, o lo vais a sentir...! ¡Qué os va en esto? ¿Qué os va...?
Fuimos cobardes y nos apiñamos los tres juntos a un roble. Sentí un sudor frío en las palmas de las manos. Pero Bernardino no cambió de cara. (“Ese pez...”, que decía mi hermano). Contestó:
-Está bien. Dadme de veras.
Mariano le miró de reojo, y por un momento nos pareció asustado. Pero en seguida dijo:
-¡Hala, Buque...!
Se le tiraron encima y le quitaron la blusa. La carne de Bernardino era pálida, amarillenta, y se le marcaban mucho las costillas. Se dejó hacer, quieto y flemático. Buque le sujetó las manos a la espalda, y Mariano dijo:
-Empieza tú, Gracianín...
Gracianín tiró el junco al suelo y echó a correr, lo que enfureció más a Mariano. Rabioso, levantó el junco y dio de veras a Bernardino, hasta que se cansó.
A cada golpe mis hermanos y yo sentimos una vergüenza mayor. Oíamos los aullidos de “Chu” y veíamos sus ojos, redondos como ciruelas, llenos de un fuego dulce y dolorido que nos hacía mucho daño. Bernardino, en cambio, cosa extraña, parecía no sentir el menor dolor. Seguía quieto, zarandeado solamente por los golpes, con su media sonrisa fija y bien educada en la cara. También sus ojos seguían impávidos, indiferentes. (“Ese pez”, “Ese pavo”, sonaba en mis oídos).
Cuando brotó la primera gota de sangre Mariano se quedó con el mimbre levantado. Luego vimos que se ponía muy pálido. Buque soltó las manos de Bernardino, que no le ofrecía ninguna resistencia, y se lanzó cuesta abajo, como un rayo.
Mariano miró de frente a Bernardino.
-Puerco -le dijo-. Puerco.
Tiró el junco con rabia y se alejó, más aprisa de lo que hubiera deseado.
Bernardino se acercó a “Chu”. A pesar de las marcas del junco, que se inflamaban en su espalda, sus brazos y su pecho, parecía inmune, tranquilo, y altivo, como siempre. Lentamente desató a “Chu”, que se lanzó a lamerle la cara, con aullidos que partían el alma. Luego, Bernardino nos miró. No olvidaré nunca la transparencia hueca fija en sus ojos de color de miel. Se alejó despacio por el caminillo, seguido de los saltos y los aullidos entusiastas de “Chu”. Ni siquiera recogió su medalla. Se iba sosegado y tranquilo, como siempre.
Sólo cuando desapareció nos atrevimos a decir algo. Mi hermano recogió del suelo la medalla, que brillaba contra la tierra.
-Vamos a devolvérsela -dijo.
Y aunque deseábamos retardar el momento de verle de nuevo, volvimos a “Los Lúpulos”. Estábamos ya llegando al muro, cuando un ruido nos paró en seco. Mi hermano mayor avanzó hacia los mimbres verdes del río. Le seguimos, procurando no hacer ruido.
Echado boca abajo, medio oculto entre los mimbres, Bernardino lloraba desesperadamente, abrazado a su perro.
 


viernes, 26 de octubre de 2012

Graciela María CASARTELLI - Córdoba - Capital - Rca. Argentina

CASARTELLI, Graciela María.- Nació en Córdoba, Capital (Argentina), donde reside actualmente.

Es Licenciada en Psicología y Magíster en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Córdoba) y su vida profesional la ha desempeñado en los ámbitos estatal y privado, dedicándose fundamentalmente a la Gerontología e Investigación Social.
Es la creadora de la Web “Vida Reflexion” http://vida-reflexion.webcindario.com/index.html
dedicada a la literatura en todos sus géneros. Un breviario de publicaciones, puede apreciarse en REMES (Red mundial de escritores):

jueves, 25 de octubre de 2012

Rodolfo de Jesús CHAVEZ MERCADO - Cartagena - Bolívar - Colombia

 
CHÁVEZ MERCADO, Rodolfo de Jesús.- -Nacido en 1981, Cartagena, Bolívar, Colombia

Residencia actual - Bogotá - Colombia

- Religioso – Orden de los hermanos de la Beata Virgen María del Monte Carmelo. (O.Carm)

Licenciado en Teología Fundamental.
 
Poeta.

Escribo y publico en:


http://contemporaryhorizon.blogspot.com/2011/09/horizontes-espirituales-rodolfo-de.html

* Miembro del Club de Escritores Palabra sobre Palabra


* Participante en el Nº 33 y 35 de la Revista en español de literatura y creación literaria Palabras Diversas. / la Palabra/ literatura por la paz.


* Participante en el Nº 3 de la Revista Literaria Monolito - de Juan Mireles (México)

http://www.calameo.com/read/001587424f42bed63b150


Página web del autor:
 
 

 

 
 
Correo electrónico :
 
 
 


 

 

miércoles, 24 de octubre de 2012

Laura Beatriz CHIESA - La Plata - Buenos Aires - Argentina

CHIESA, Laura Beatriz. Profesora de Sordos. Poeta- Escritora. Nacida en La Plata (Bs.Aires)-Argentina.

-Integró la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Prov. Bs. Aires.(SEP) desde 1997 hasta 2006(renuncia). La Comisión de Cultura del Club Español de La Plata; La Comisión Directiva del Ateneo Literario “Benito Lynch” de La Plata. Integró la Comisión de Creación del

Círculo Literario “Jorge Luis Borges” de la ciudad de La Plata. La Comisión de creación del Instituto “Rega Molina” de San Nicolás y la Comisión del Instituto “Ginés González García” de San Nicolás –Bs.Aires. Es socia de APOA, SADE central y SADE Mar del Plata.

-Ha recibido premios locales, provinciales, nacionales e Internacionales.

-Participó/a como Jurado en Certámenes de Poesía y Cuento en La Plata, Ayacucho, Arrecifes, Berisso, así como para el otorgamiento de Fajas de Honor de la Sociedad de Escritores de la Prov. De Bs.Aires (SEP), en varias oportunidades. Fue Jurado Internacional en el Certamen  LITERALIA MÉXICO.

-Integró e integra Paneles Poéticos.

-Editó:” Historias en Verso y prosa”; “Polen de una Rosa Amarilla”; “Voz de Tinta”(poemario); “Hablando Espacios”(sonetos); “Viejos sabores para no claudicar”(poemario), “Vivencias y Reflexiones”(narrativa) y “Besos de agua” (poemario).

-Presentó/a y prologó/a libros de otros autores.

-Integra ANTOLOGÍAS de SADE, SEP-La Plata; San Nicolás (Prov.B.A.); Municip.de La Plata; ECA-Córdoba.; Ateneo”B.Lynch”-La Plata-.Bs.Aires; Diccionario Escritores y Poetas Latinoamericanos-(B.Blanca-). Aimogasta (La Rioja); “El hacer de las palabras” 2006-07-08, Pcia.de San Juan; Córdoba; Junín (Bs.Aires). Integra publicación Institucional de S.E.P.: “Almafuerte- El poeta del hombre”-período 2004-2005(Editado en 2006). Tiene publicaciones en diarios de San Nicolás, Revista “Provincia” (V. Dolores-Córdoba)- Revista de Poetas Andaluces- Sevilla (España). Revista “La Guillotina” de APOA (Asoc.de Poetas Argentinos)- C.Federal. Edita en las REVISTAS VIRTUALES: “Artecomunicarte” (México). Revista “Palpitar” (Brasil). Revista “La Urraka” (Colombia). “Artículo Z”. “Revista Papirolas”. “Rev. Literarte”. “Artículo Z” y otras.

-Concurre a reuniones literarias en La Plata, Capital Federal y Mar del Plata (Rca. Argentina).

-Asiste Encuentros Literarios Nacionales e Internacionales en distintas Provincias argentinas – (San Juan, La Rioja (varios), Santiago del Estero, Chaco, Tucumán, Córdoba (varios lugares), en Prov. de Bs. Aires (Villalonga y Mte. Hermoso). Es Miembro fundador del I Museo de Poesía Manuscrita, creado en la Pcia. de San Luis (Rca. Argentina) en homenaje a J. C. Lafinur.

-Convocada a Radios de San Nicolás, La Plata (varias oportunidades), Mte. Hermoso, Tucumán, Córdoba (varias oportunidades), entre otras.

martes, 23 de octubre de 2012

Amir Hassan ELAMRANI - Tetuán - Marruecos

ELAMRANI, Amir Hassan.- (Tetuán, 1977) Es una de las voces recién nacidas y más subrayadas de la poesía marroquí hispanoárabe Cursó sus estudios primarios en la ciudad de Tetuán en una escuela bilingüe (árabe-francés), estudios secundarios en el colegio de Alàl ibn Abdú allah y luego en el instituto de Rey HASSAN Segundo en el centro de Tetuán allá donde Eligió la literatura Moderna y en el mismo tiempo estudió la lengua española cual como segunda lengua... Su poesía en árabe no respeta el camino delineado por el orden equilibrado cuantitativo y el ritmo poético de la casida árabe clásica. Posee una capacidad extraordinaria de traducir sus sentimientos al castellano con una pasmosa facilidad cual parece las dos lenguas entrelazadas en sus obras. Inició su experiencia poética en 1997 publicando sus primeros poemas en el semanal “LA MAÑANA”. El poder evocador y sugestivo de la naturaleza y las fabulosas playas del mar Mediterráneo fueron los motivos fundamentales de su fascinante poesía.
Obra poética:
“Sin ti” publicado 1997.
“Que es amor” publicado 1997.
“Tormento de mi corazón” 1998.
“Violencia, No” 1998.
“Relatos de mis noches” 2009.
“Sangre de engaño” 1999.
“A mí amiga del alma” 2010.
“Conjugando el verbo besar” 2010.
“Ejemplo de la humana gloria” 2010.
“Ojos bellos” 2010.

Obra literaria:
Relatos cortos: “Carta en buzón del mar”, “Cita con el amor”, “Detrás de la tristeza de cada mujer hay una historia de tormento”. En sus obras juega con un lenguaje metafórico, literal y coloquial al mismo tiempo cual entreteje su poesía como si fuera un tapiz bordado...
Sin duda sus obras son fruto de la contemplación de su entorno místico, de su propia intimidad, y de la experiencia cotidiana de la vida. Detrás de cada una de sus metáforas se esconde su alma, Sus poemas tienen vida y corazón palpitante la que la llevó a definirse a si mismo como príncipe (AMIR o EMIR) de los latidos. En este rincón cálido y aromado con el rosal de poemas y poetas, el poeta Amir Hassan Elamrani nos brinda sus maravillosos poemas cual marcan una huella escrita de su invisible alma.

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